El acervo energético que posee nuestro país, posibilita el logro de una estrategia
de desarrollo nacional que combine el uso soberano del recurso natural con la
integración energética regional y mundial favorable a este proyecto nacional,
convirtiendo a nuestro país, en el mediano plazo, en una potencia energética con
influencia mundial.
Debido al creciente aumento de la demanda de energía fósil en el mundo y la
magnitud de las reservas de esas materias primas que posee, el petróleo
continuará teniendo una influencia significativa en el futuro de Venezuela. El
petróleo será decisivo, más allá del horizonte del programa para la captación de
recursos del exterior, la generación de inversiones productivas internas, la
satisfacción de las propias necesidades de energía y para el apoyo al surgimiento
y consolidación del Nuevo Modelo Productivo.
Lo anterior, y el hecho de que la
riqueza natural del país es patrimonio de todos los venezolanos, hacen
indispensable que las actividades medulares de la industria de los hidrocarburos
continúen en poder del Estado Venezolano.
La demanda mundial de energía de origen fósil mantendrá su participación en la
demanda total de energía y se profundizará su tendencia al mayor crecimiento en
el Asia y particularmente en China e India.
Se manifestará también un fuerte
crecimiento de la demanda en Sudamérica y una disminución relativa del
crecimiento de la demanda en Norteamérica. Sin embargo, dada su magnitud
absoluta, la satisfacción de la demanda de hidrocarburos de Estados Unidos,
continuará teniendo la mayor participación en la oferta venezolana.
Todo lo
anterior, junto a consideraciones de naturaleza geopolítica, fundamenta una
revisión de la estructura del mercado petrolero venezolano.
Dado el crecimiento de la demanda mundial del petróleo, todo indica que para su
satisfacción, crecerá más aceleradamente la producción de petróleos no
convencionales, particularmente de petróleos más pesados, lo que otorga a
Venezuela una ventaja adicional debido a que la mayor parte de sus reservas
están constituidas por petróleos con esas características.
La elevación del nivel
de precios del petróleo en el mercado mundial ha hecho económica y
financieramente factible la extracción de petróleos más pesados.
La producción
de petróleo en el mundo en el largo plazo se concentrará más en los países que
hoy son parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
A pesar de que han aumentado las probabilidades de que se mantenga una
tendencia irreversible al alza de los precios del petróleo crudo y del gas natural,
no se debe perder de vista los requerimientos del desarrollo del país y la eventual
persistencia de cierta volatilidad de los precios, que hacen imperativo el
desarrollo de una estrategia para diversificar tanto como sea posible las fuentes
de recursos fiscales.
Frente a un mundo en desarrollo, hambriento de energía, no podemos negarnos
a producirla aunque sí podemos y debemos condicionar la producción de acuerdo
a nuestros intereses nacionales.
Más aún, debemos fomentar alianzas que nos
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permitan desarrollar no sólo las actividades de producción sino el resto de las
actividades subsiguientes, de refinación y de petroquímica.
El petróleo como recurso natural no sólo puede considerarse una fuente rentística
extraordinaria; también puede considerarse una palanca poderosa de desarrollo
industrial que va más allá de su extracción y que abarca las actividades
subsiguientes, es decir, primero la refinación y luego la petroquímica.
No sólo es ésta de por sí una política de desarrollo, sino también una estrategia
geopolítica. Es mucho más fácil sustituir el petróleo crudo o el gas natural que los
derivados finales o los productos petroquímicos.
Convertir a Venezuela en un
centro mundial de refinación y en una potencia petroquímica, es otra garantía
más – y una garantía muy importante – en la defensa de nuestra soberanía
nacional.
La soberanía nacional nunca constituye una conquista definitiva; la soberanía
siempre hay que defenderla, o se corre el riesgo de perderla.
La soberanía de un
país con la riqueza natural de hidrocarburos como el nuestro, siempre está
amenazada. Pero también constituye el petróleo potencialmente un arma
poderosa de defensa.
La mejor defensa, sin lugar a duda, es desarrollar esta
riqueza, y desarrollarla plenamente en todas sus fases, dentro y fuera del
territorio nacional.
De manera que, necesariamente, la política de Plena Soberanía Petrolera es una
política internacional, de alianza con todos aquellos países – la gran mayoría –
que insisten en desarrollarse como naciones, y no aceptan marginarse en un
mundo supuestamente globalizado.
El consumo de hidrocarburos de origen fósil ha estado vinculado con patrones
industriales y de consumo depredadores del medio ambiente, El modo de
producción capitalista no sólo estratifica a los seres humanos en categorías
sociales irreconciliables, sino que impone un uso irracional y ecológicamente
insostenible de los recursos naturales.
El capitalismo ha socavado las
condiciones de vida en la Tierra. El impacto de las actividades humanas ha
superado con creces la capacidad de carga del planeta, y son precisamente los
pobres los que se ven más afectados por la degradación ambiental.
La
producción y el uso de los recursos petroleros y energéticos deben contribuir a la
preservación del ambiente.
En cuanto al potencial hidroeléctrico, se pueden distinguir dos dimensiones a ser
superadas: primero, es necesario incrementar la capacidad de generación de
energía hidroeléctrica y al mismo tiempo promover la producción termoeléctrica
basada en el aprovechamiento de otro recurso en el cual poseemos ventajas
como es el gas.
En segundo lugar, es necesario fortalecer y desarrollar la
ampliación y distribución de la energía hidroeléctrica.
A. La industria petrolera se orientará a profundizar la política de maximización
de la captación de la renta en todas las fases del proceso y a fortalecer la
participación fiscal en los ingresos, mediante la mejora en el
perfeccionamiento de las alianzas estratégicas y en el proceso
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administrativo interno, en particular, para hacer efectivo el establecimiento
de una nueva forma de distribución de la renta petrolera internacional.
B. La industria petrolera nacional deberá profundizar y ampliar más
aceleradamente su orientación al desarrollo endógeno, persiguiendo el
agotamiento de las posibilidades de generación de actividades económicas
en el país a partir de la explotación del recurso. Será prioritaria la inversión
para mantener e incrementar el nivel probado de las reservas y la capacidad
de producción; la inversión para la agregación de valor a los productos de la
extracción, tanto para satisfacer demanda interna como para la exportación,
y la inversión para la autosuficiencia en los insumos, bienes, obras y
servicios de toda naturaleza que requiere la industria de los hidrocarburos.
C. Dado el evidente impacto de la actividad petrolera y de la utilización de los
hidrocarburos como fuente de energía en el ambiente en general y en
asentamientos humanos particulares, su producción y utilización deberán
contribuir de manera efectiva a la preservación y mejora del ambiente y la
calidad de vida de las comunidades directa e indirectamente afectados en el
país.
d. La industria petrolera nacional es corresponsable de primera línea en la
generación y crecimiento del Nuevo Modelo Productivo, mediante el fomento
acelerado de unidades de la Economía Social en las actividades
económicas de producción de bienes y servicios y construcción de obras en
el país que le sirven de proveedores y a las cuales provee sus productos.
E. Dada la privilegiada posición de la demanda de energía en el mundo y los
recursos del país, la economía de los hidrocarburos deberá seguir teniendo
un papel relevante en la política internacional de Venezuela para el
fortalecimiento de relaciones multipolares en el planeta y en particular para
la política de integración latinoamericana y caribeña.
F. La necesidad de sostener los costos de producción y de orientar sus
actividades al desarrollo endógeno, hace obligante privilegiar la inversión y
las actividades relativas a la investigación y al desarrollo tecnológico en
todos los campos que tienen relación con la producción de hidrocarburos,
con la producción de sus insumos y con la transformación de sus productos.
G. En cuanto a la energía hidroeléctrica, la inversión en conjunto de grandes
proyectos aumentará la demanda de energía eléctrica en Guayana, pero la
mayor parte de los nuevos grandes proyectos de desarrollo productivo y
transporte en el mediano y largo plazo, no se ubicarán en esa región sino en
otras con ventajas comparativas como el eje Norte - Llanero.
H. La satisfacción del déficit coyuntural interno de gas en el occidente del país
para la producción petroquímica, así como su utilización para la generación
de energía eléctrica, para atender el crecimiento del consumo doméstico,
para las necesidades de la misma producción de petróleo, para su
exportación en forma de licuado y para el transporte, obliga mantener un
estricto seguimiento del balance entre las magnitudes de las reservas, su
producción y su utilización.
I. Para la creciente satisfacción de la demanda interna, la industria de la
energía eléctrica deberá hacer un importante esfuerzo en la ampliación y
mejora de la distribución de energía. En particular, las empresas del Estado
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involucradas en la producción y distribución de energía eléctrica, deberán
mejorar sustancialmente su eficiencia
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